We belong here

Pertenecemos a un entorno, a una canción, a un momento; el presente nos permite volver de lo intangible nuestro hogar.

Por Bernardette Limón.


Publicado hace 1 año 11 meses


¿Por qué leer esto?

Porque el presente nos permite apropiarnos y pertenecer a lo que amamos, sea o no algo físico o tangible.


Algunos dicen que nuestra pertenencia se la debemos al lugar de nacimiento, otros creen que ésta se adopta o se crea a través de la acumulación de historias. Yo, fácilmente, podría creer que la pertenencia verdadera está debajo de las alas de las aves, en donde el aire puede escuchar su propia voz. Pero no es el protagonista del cuento, no es quien aparece al principio en los títulos de una película, ni quien se lleva los premios y puede dar un discurso leído de una hoja de papel mal doblada, estas aves deben su pertenencia a quien desde los detalles adorna su estancia en esta pequeña galaxia. Las aves a veces somos nosotros y, con suerte, sólo con un poco de suerte podríamos ser el aire de vez en cuando.

Entre libros, mp3, arte, diseños o chats encontramos los principales trazos de pertenencia; aquí todo está permitido, porque estamos indagando en lo que somos, lo que añoramos y lo que buscamos conseguir en cualquier conjugación de tiempos. Somos lo que buscamos; Google es el nuevo negro, es la nueva pertenencia, es el significado más real. Pero justo ahora que todo lo intangible es lo que con más emoción nos mueve, pensemos entonces en la pertenencia a través de las raíces, no familiares, no ancestrales, pero sí sustanciales, así como los errores de dedo, los hechos incómodos y las verdades inoportunas; esas que nos hablarán de cerca sobre quiénes somos en realidad. Así, yo creo que deberíamos pensar, y entonces también me atrevería a afirmar que en el fondo la regla sobre nuestra pertenencia debería cambiar (no suena positivo, suena a algo cercano) voltear y ver nuestro entorno para saber que pertenecer no es un status quo, no es un primer lugar, no es la perfección, no es la buena genética o los buenos modales, es la naturalidad con la que platicamos, con la que aderezamos el sandwich de la mañana o la enorme cantidad de azúcar que le ponemos al café. Son las vergüenzas musicales y esos ridículos short a cuadros que en mi caso nunca olvidaré. La pertenencia no tiene que ser cómoda o ajustable, debe tener «rebabas» porque el sentido es que cada día recordemos que, a pesar de todo, ese será el aire que nos dará el impulso para volar.

No importa la edad, no importa que el aburrimiento o que la soledad nos alcance, siempre y cuando tengamos claro a donde correspondemos; seremos nuestro propio puzzle y cada pieza tendrá una voz diferente para platicar, una persona diferente para compartir o un espacio vacío y nuevo para aprender. Y así vamos aprendiendo que cualquier lugar en el chart social es siempre el primer lugar, porque ahí es donde encontramos nuestro círculo personal de pertenencia, entre el ruido, el tráfico, el estrés, los abrazos, los besos, los te quiero, el llanto, la pérdida y el reencuentro embonan todo como cucharas en el corazón.

Lo que buscamos en gran medida radica en la belleza. Con esto quiero decir, en cualquier cosa, persona o tiempo, los géneros no son permitidos, tampoco las razas o los tamaños. Lo que buscamos es pertenecer y ser pertenecidos, lo que encontramos es una caja con un millón de palabras magnéticas para ordenar, algunas de ellas sienten más que otras y, al final, lo que queremos es que esa pertenencia hable de lo que hacemos, que en la brevedad eso que hicimos hablará de nosotros.

WE BELONG HERE.

Misfit toys:Detrás de la cortina, debajo de las alas, en el fondo de la piscina o haciendo brillar a las estrellas, está la verdadera pertenencia, está en lo que ocultamos al igual que lo está en lo que presumimos, formando un músculo invisible, intangible como snapchat, pero muy real, como las conversaciones con los abuelos y sus pequeños secretos para sobre-vivir.

Si aprender es la manera más natural de encontrar la pertenencia, hablemos entonces del camino, que justo será el futuro de los curiosos. Por supuesto que ahí es donde ya imaginábamos que estaría la raíz que hace brotar todo lo que nos hace estar; aunque, personalmente, creo que lo que sucede en realidad es que existe una enorme grieta donde lo ignorado se vuelve inadvertido. En momentos es tan despistado que carece de relevancia y finalmente será poco intuitivo, perdiendo así toda clase de sentido que, a su vez, formará ideales, ilusiones o expectativas, suponiendo que ésta sea la forma en que el arraigo se volvió personal. Ojo ahí: arraigo no es pertenencia.

Aquí, justo ahora, en este momento, esto es lo que llamamos pertenencia. Desde hoy todo será diferente porque esas pequeñas cosas, segundas o terceras personas, detalles mal envueltos podrán significar la próxima visión de tu pertenencia.

Finalmente les dedico a E.E. Cummings: «may my heart always be open to little birds who are the secrets of living». Y yo me tomo la libertad de agregar: los pequeños secretos para vivir marcan nuestra historia de pertenencia, nuestra tarea será encontrar el aire para aprender a volar, para ser impulsados y viceversa.


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