Muzak: Detrás del background music

Muzak es la empresa pionera en música ambiental; diseña música para no ser escuchada, sin embargo, siempre oída.

Por Rebeca Murrieta.


Publicado hace 1 año 8 meses

¿Por qué leer esto?

Porque el silencio es incómodo y para diluir la incomodidad qué mejor que música de fondo.


La continua actividad de las ciudades modernas ha hecho de la oscuridad y el silencio dos fenómenos casi extintos. Desde las primeras luminarias urbanas en París del siglo XIX, el negro de la noche se ha aclarado debido a la incesante necesidad de alumbrar calles, caminos y callejones de todas las ciudades del mundo. De igual manera, el silencio ha desaparecido; las ciudades son ruidosas, tanto de día como de noche.

Aunque nuestro adorado John Cage nos hizo comprender que aquello que llamamos silencio no existe, porque está conformado de un montón de sonidos accidentales como el tráfico, pajaritos, ruido en general, etc., nos referimos también a ese rasgo moderno de siempre estar escuchando algo deliberadamente; a los sonidos cuya misión es interrumpir el silencio. Es durante el desarrollo de nuestras sociedades industriales, a principios del siglo XX, que se despliega el fenómeno de la música ambiental, la famosamente llamada música de elevador, de espera en el teléfono… La «música de fondo» que nos persigue en oficinas, tiendas, hospitales, transportes públicos, bares, restaurantes, cafeterías, tiene como objetivo diluir la incomodidad provocada por el silencio, y hemos adaptado de tal manera a este tipo de utilización de la música, que tener algo de fondo es indispensable en nuestro día a día.

Muzak es la empresa pionera en música ambiental; diseña música para no ser escuchada, sin embargo, siempre oída. Su fundador fue General George Squier, que después de haber servido al ejército norteamericano durante la Primera Guerra Mundial en la División Aeronáutica, patenta una manera de transmitir música a través de la corriente eléctrica, sin necesitar de ondas de radio. «Wired Radio» se llamó su primer intento de vender música a negocios y suscriptores, pero el avance tecnológico de la radio lo volvió muy económico, además el modelo de negocio donde las transmisiones son gratis está financiado por la venta de espacios publicitarios acabó con la idea del Wired Radio de Squier. Pero la empresa dio un giro en 1940, dando la espalda a la creciente necesidad de escuchar música, noticias y narraciones de eventos deportivos, la empresa ahora llamada Muzak se concentró en ofrecer a negocios y oficinas horas continuas de «música funcional» que serviría para hacer más cómoda la jornada laboral. Muzak comenzó primeramente musicalizando elevadores, cada vez más comunes por la creciente construcción de edificios y rascacielos, al ser un invento nuevo, además de tardado, en sus recorridos ascendentes y descendentes; la música instrumental easy listening de Muzak calmaría a los nerviosos pasajeros para hacer su espera más llevadera. Después vendría la música para oficinas y negocios, con la finalidad de hacer a los empleados más eficientes al disminuir sus momentos de fatiga. Mediante un sistema llamado «Stimulus Progression» que diseña bloques de música que suben de velocidad (bpm) cada quince minutos, llegando a un clímax en las horas de menor productividad, después progresivamente baja, creando así un ritmo de trabajo que controla los estados de ánimo.

Muzak fue más allá: en 1960, perfeccionando ese manejo de estímulos, se expande hacia las tiendas departamentales, supermercados, bares y restaurantes, para volver más eficiente el consumo en esos establecimientos. Las sencillas melodías instrumentales, de donde proviene el sonido lounge, que fusionan jazz, big band, clásica, swing, ritmos anteriores al rock, intentaban crear un ambiente relajado, tranquilo y seguro para gastar el dinero. «No estamos tratando de obtener ( implicar emocional o intelectualmente) más de lo que haces con el aire acondicionado o el color de una oficina», Muzak Corp, 1970. No sería nada descabellado pensar que la paranoia nuclear de los años 60 contribuyó al éxito de Muzak, brindando ambientes placenteros donde el consumismo capitalista podía mostrarse en todo su esplendor.

A partir de mediados del siglo pasado, Muzak fue el término con el que se identifica (peyorativamente) a esa música ambiental, background music, cuya naturaleza es estar presente aunque pase desapercibida. Pero la música de fondo de Muzak, independientemente de su simpleza y el rechazo que se ha ganado con los años, es un parteaguas en la ingeniería social, el primer acercamiento de la industria musical para generar nuevas prácticas de convivencia social, recreación y comportamiento en lugares públicos. Algunos bares y restaurantes abandonaron la música en vivo en pro del sistema musical diseñado científicamente para permanecer más tiempo en el lugar, o reducir su estancia en el caso de los comedores de fast food donde el flujo de comensales debe ser constante. Por ejemplo, música arriba de los 90 bpm (beats por minuto) eleva la presión arterial, se segrega más adrenalina provocando euforia, que se puede reflejar en el aumento en el consumo de bebidas en el establecimiento. Además, los sonidos rítmicos coordinan el comportamiento de las personas en un grupo y los procesos mentales de individuos se sincronizan dentro del mismo, según R. Douglas Fields en Scientific American.

De esta manera, Muzak no sólo es precursor de dicha ingeniería social, al utilizar métodos científicos y psicológicos en la construcción de su enorme catálogo musical, sino que hasta hoy en día resuelve el apuro de conformar una selección ad hoc al lugar y la clientela. Incluso se podría pensar que hoy en día Muzak está superado con la aparición del internet, la inconmensurable cantidad de música en la red, la posibilidad de cualquier persona de armar un playlist razonado y los streaming musicales o radios que utilizan complejos algoritmos de alto grado de personalización como Spotify, Beats Music, Deezer, Pandora, Rdio o los nuevos servicios de Tidal o Apple Music. Muzak ha sabido mantener su negocio de background music utilizando a su favor el efecto cultural de todos estos servicios mencionados que han dado como resultado una seguridad en todos nosotros de ser capaces de hacer playlist funcionales, que todos podemos ser DJ o curadores musicales, nuestros gustos y juicios personales son los que alimentan dichas plataformas nuevas, pero a la hora de musicalizar un restaurante y bares de grandes firmas, los gerentes prefieren un sistema profesional de música ambiental en lugar del iPod o device de algún trabajador melómano, pues lo que el staff prefiera oír no necesariamente es lo que el cliente necesita.

Desde 2011, Muzak opera bajo el nombre de Mood Media Corporation con sede en Carolina del Sur, E.U.A. Su sistema opera en casi 470,000 establecimientos como tiendas, restaurantes, bares, oficinas, fábricas y hoteles en 40 países. Y como el desafío tecnológico no cesa, Muzak no está solo en la competencia del background music, ya que existen decenas de firmas de consultoría musical que han diversificado sus servicios como Audiostiles que puede crear listas de reproducción diseñadas específicamente para cualquier hora del día (mañana, tarde, noche) a partir de tu biblioteca o la de ellos, renta de iPods precargados para eventos y branding sonoro. C-Burn es una consultora especializada en crear playlist y suministrar el equipo de audio necesario para bares, pubs y restaurantes. Su servicio más reciente es la app Secret DJ, que permite a los clientes elegir canciones utilizando sus teléfonos celulares de manera anónima; podría sonar riesgoso, pero cada lugar suministra una lista preseleccionada de canciones. Muzo es otro sistema de consultoría que ofrece una serie de las listas de reproducción temáticas constante actualizadas. Manejan alrededor de 20 estilos disponibles para los restaurantes de flujo, como vintage elegante, nu-vibes o laidback lounging.

El easy listening original de Muzak en las décadas de 1930 y 40, evolucionó a conceptos más complejos como diseño de experiencia sonora, arquitectura auditiva o marketing sensorial. Así como puede fascinar el universo de la ingeniería social, que a través de melodías, beats y ritmos se puede controlar los impetuos de comer, beber y comprar, por supuesto también tiene un lado oscuro, la omnipresencia de esa música fantasma que oímos sin escuchar nos conduce a una pasividad conformista, a ignorar nuestro entorno inmediato y contexto, prisioneros de un soundtrack infinito.

John Cage (volviendo al compositor que más trabajó con el silencio) tenía la fantasía de silenciar todos los medios de comunicación, específicamente Muzak. Planeó componer una pieza de silencio ininterrumpido y venderlo a Muzak Co. «Será de 3 o 4 1/2 minutos de largo acorde al estándar de la música enlatada y su título será Oración Silenciosa» , escribió Cage. Es muy curioso cómo John Cage no percibía música en el background music, sino sonidos que impedían la escucha, y esos 3 o 4 minutos de silencio serían el verdadero momento de descanso.


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