Philo, Miuccia y Pesto

Entré a trabajar a un pequeño restaurante justo cuando comenzaban las semanas de la moda de las capitales más importantes. Presentaban las colecciones «Otoño/Invierno 2015». Mientras en mi primer día yo exprimía naranjas y llenaba tazas de café americano.

Por Carlos M Román.


Publicado hace 1 año 7 meses

¿Por qué leer esto?

Porque la moda es como un platillo: Si tienes los mejores ingredientes, vas a ayudarlos a que se presenten como tal, y que a pesar de estar juntos puedan dar lo mejor de ellos.


Entré a trabajar a un pequeño restaurante justo cuando comenzaban las semanas de la moda de las capitales más importantes. Presentaban las colecciones «Otoño/Invierno 2015». Mientras en mi primer día yo exprimía naranjas y llenaba tazas de café americano, Alexander Wang mostraba a su niña gótica, repleta de color negro y con botas enormes de Frankestein.

Mi turno era vespertino, salía de la escuela y corría para llegar justo a la hora de la comida, que era cuando teníamos la mayoría de los clientes. Entrando a la cocina lo primero que hacía era ponerme un delantal; no me gustaba mucho, lo encontraba un poco incómodo, pero después de ensuciarme la ropa con harina y aceite ya no quería soltarlo mientras cocinaba, al final una de sus intenciones es justo esa: mantener limpio lo que hay debajo de él.

La mayoría del tiempo estaba una Chef, de nombre Rocío, a cargo de la cocina. Yo sólo seguía sus instrucciones para en el futuro repetirlas sin que ella estuviera presente. Todo se hace alrededor de los alimentos, el desastre que se puede crear o la cantidad de platos que puedes ensuciar pasan a segundo término; no importa, lo único en lo que se piensa es en que la comida quede bien, ya después te encargas de lo demás.

Había días en los que llegaban clientes inesperados y horneábamos pan en 15 minutos. Estas situaciones, para mí, eran desesperantes, pero cuando las terminábamos se convertían en un gran alivio, incluso se estaba volviendo en algo que disfrutaba. El tiempo dentro de una cocina pasa muy rápido, me imagino que es por la cantidad de actividades que se hacen, de un momento a otro sacas ingredientes del refrigerador, enciendes la estufa, usas la licuadora, rebanas verduras... es muy incómodo usar zapatos con el mínimo tacón por la cantidad de horas que pasas de pie, entiendo muy bien porqué los chefs usan Crocs y me gusta mucho la idea.

Después de las 5 de la tarde todo era más tranquilo: disminuían los clientes o los que iban ordenaban cosas sencillas. Era justo el tiempo en el que podía ponerme al tanto de las colecciones: comencé a hacer dibujos rápidos de las prendas que más me gustaban, las hermosas camisas Céline con animales: zorritos, nutrias, venados, parecían salir de cuentos infantiles, el juego entre diferentes texturas y los pompones alrededor de sus brazos, todo me parecía muy divertido.

También en las tardes me gustaba preparar cosas sencillas que sabía en el futuro iban a aportar mucho a los alimentos, como salsa pesto y compota de frutos rojos, lo primero lo usábamos para pastas, carnes y hasta hamburguesas, lo segundo era para acompañar los postres como helados de vainilla y galletas horneadas. Algunas veces me parecía que cambiar el sabor de algún alimento era algo muy espontáneo, con tan sólo agregar algunas hojas de menta al preparar agua de piña puedes obtener un resultado muy distinto. Si tienes los mejores ingredientes, vas a ayudarlos a que se presenten como tal, y que a pesar de estar juntos puedan dar lo mejor de ellos.

Había pasado tan sólo un mes de trabajar y ya estaba empezando a sentir cansancio. En esos días Miu Miu presentó su propuesta: un montón de texturas juntas en un mismo atuendo. Rayas, piel de serpiente, cuadros escoceses muy de cerca, acompañados de grandes collares y pendientes con diamantes. Miuccia Prada en septiembre del 2014 hizo una declaración acerca de la diferencia entre Prada y Miu Miu, lo único que las desigualaba era que en la segunda todo lo diseñaba de una manera más espontánea e intuitiva. Dejaba en claro que son dos marcas muy distintas en las que se trabaja con normas diferentes, aunque algunas veces pensamos que los resultados pueden parecerse, en realidad vinieron por caminos separados.

A pesar de que muy seguido nos visitaban las mismas personas, había días en los que nos sorprendían nuevos rostros, y me iba dando cuenta de lo acostumbrados que estamos a ciertos alimentos, creemos que sólo la carne es sinónimo de plato fuerte, cuando no necesariamente tiene que ser así; existen otros tantos alimentos que contienen la misma o hasta más proteínas que la carne, pero es muy difícil desapegarnos de eso, las mayoría de las personas preferimos platillos comunes, algo que nuestro cerebro ya tenga detectado, no nos gusta pedir algo diferente y descubrir que sabía mal.

Por primera vez en mucho tiempo me interesé en algo, quería saber más, la cocina llamó mi atención, sus opciones para crear son infinitas, no sólo queremos comer porque es algo vital, va más allá, la comida la queremos disfrutar, queremos que nos haga recordar, la queremos compartir con los demás. Los humanos ya no sólo cubrimos nuestras necesidades; ¿Y qué hay de malo con eso? No hay nada de malo en querer comer una pieza de lomo bañado en salsa de chocolate y moras, no hay nada de malo en querer usar unos zapatos Miu Miu.


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