Está muy claro, doctor, que usted nunca ha sido una niña de trece años.

Por Mariela Lona.


Publicado hace 1 año 10 meses

¿Por qué leer esto?

Porque la tragedia se ve mejor en tonos pastel.


Entender el feminismo no ha sido fácil, incluso en la actualidad, hay tantas versiones a conveniencia propia de lo que es éste movimiento y cuales son sus objetivos. Como yo también tengo mi propia perspectiva voy a comenzar como aprendí en la escuela y en términos estrictos, con una definición que a fin de cuentas no significa mucho y un poco de historia que todos olvidamos.

Según la RAE, feminismo es un «movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres». Entonces, el feminismo no es sólo una idea, es un movimiento que busca la imparcialidad, no la superioridad ante el sexo opuesto. La mujer ha hecho evidencia de esto tomando parte en diferentes eventos históricos como el Renacentismo, la Revolución Francesa y otras revoluciones sociales, pero fue hasta el siglo XIX que este movimiento se pudo hacer notar como una lucha colectiva y organizada cuando reclamaron su autonomía con el derecho a votar.

Este movimiento ha tenido en la mira a más de un ámbito a lo largo de la historia: ciencia, arte, filosofía, antropología, música, cine, etc. Dentro del cine, el rol de la mujer ha sufrido grandes cambios. Primero, tenemos esta imagen de la «mujer ideal» a principios de los 50’s creada por las secuelas de la Segunda Guerra Mundial, con la única intención de ser un ornamento visual más que la poseedora de ideas, para servir al deseo sexual, siempre detrás, perfecta, femenina y completamente inútil para la acción de la película. Creando un estereotipo falso, sin mostrar su identidad en ninguno de los aspectos, como Maggie Humm criticó hace casi 10 años en «Feminism and Film», el cine actúa como un espejo de la sociedad y lo hizo en este caso también.

En los 70’s el feminismo tomó lugar en la academia para darle una nueva forma a la representación de la mujer en el cine. La teoría del cine feminista creció gracias a varios eventos tales como el movimiento de arte feminista, el psicoanálisis feminista, la fundación de la revista «Woman and Film» y la presentación de películas en el festival de cine de Edimburgo en 1972.
A partir de esto han ido y venido diferentes mujeres que han querido cambiar este estereotipo, tanto de la mujer como del cine en general. Y a pesar de que no me gustan las etiquetas de ser o no ser feminista, es casi imposible no prestar atención a lo que me rodea, y me rodean mujeres que crean y que buscan cambiar su entorno. Para mi el feminismo en el cine no se basa en una película donde se hable de derechos, sino una que refleje que los hay, donde además se muestre cómo es de verdad ser mujer en todas las etapas, que sea una ventana a lo que ni nosotras mismas entendemos.

Es el trabajo de una directora de cine la cual llama más mi atención, se le ha categorizado por su énfasis narrativo y visual en lo femenino y girlhood lo cual algunos etiquetan como feminista, exponiendo la experiencia de ser mujer por medio de sus protagonistas.
Sofia Coppola creció en los 70’s y 80’s, con una vida digna de la hija de un director de cine, rodeada desde viajes y locaciones hasta pequeños roles en algunas películas. Esto mismo la condenó al limbo de los hijos de papá, hasta que presentó su cortometraje «Lick The Star» y demostró que su nombre merecía independizarse del árbol genealógico, para más tarde ser la primer mujer norteamericana en ser nominada a un Oscar, y en 1999 plasmar en colores pastel los trágicos momentos de una adolescente en «Las Vírgenes Suicidas».

«Está muy claro, doctor, que usted nunca ha sido una niña de trece años». Bien pudo haber respondido Coppola si alguien le preguntaba el por qué adaptar la obra de Jeffrey Eugenides a la pantalla grande. Y es que claro está, si no has sido una niña de 13 años que vive en una cárcel mental rosa pastel a la que llama casa y que tiene todas las preguntas que se nos puedan ocurrir, entonces fuiste el vecino que la espiaba desde la ventana del otro lado de la calle y se imaginaba qué podía estar pasando por su mente. Hablamos de dos mundos completamente diferentes.

Coppola no intenta que entendamos la mente de una niña o adolescente que busca trascender en la muerte y no en la vida, pero logra hacer una parodia de la sociedad y de la presión que esta ejerce en los adolescentes, nos da una visión interna desde un suburbio norteamericano de clase media, pero nos deja fuera de su mente. Somos observadores de todos esos movimientos torpes propios de la edad.

El trasfondo crítico le quita dramatismo a la historia trágica de Lux, Bonnie, Cecilia, Mary y Therese, 5 hermanas que al parecer son incapaces de expresarse y que deciden que el suicidio es la mejor solución. Con una madre ultraconservadora y estrictamente religiosa y un padre que no sabe cómo lidiar con la inminente (hasta que ellas deciden lo contrario) madurez física y mental de sus hijas.

Aunque son inseparables, cada hermana es un mundo, sin duda mis favoritas son Lux y Cecilia. La rebeldía tan real de Lux, pasando tiempo con chicos por la mejor de las razones que se le pueden ocurrir a una adolescente: porque se lo han prohibido, o ver a Cecilia y esos collares de plástico pegados con cinta adhesiva a las vendas de sus muñecas cortadas.

Las Vírgenes Suicidas es mucho más que un suicidio colectivo en colores pastel. El conjunto de la historia, la crítica entre líneas, una banda sonora bestial, y la etérea belleza de sus protagonistas hacen de esta la mejor película de Coppola, y para mi, una obra maestra.


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