Xel-Ha López

¿Por qué poesía y no lucha greco romana?
Si hubiera tenido las dos, a lo mejor me hubiera quedado con lucha grecorromana, creo que tendría más auditorio que la poesía.

Colaboración de

Cintia Durán

Fotografía: Daniela Olsa
Asistente Editorial: Mariela Lona
Locación: Capital Models

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¿Por qué leer esto?

Por que la ciudad es poesía.

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I. Acerca de ti. La canción

Me llamo Xel-Ha y escribo poesía, pero, la verdad, es que cuando era niña yo quería ser cantante.

Mi primer poeta fue la radio. Una estación para gente mayor, de esas donde pasan boleros, rock and roll, música de los 60, Agustín Lara y así. Se llama La Consentida, eso era lo que yo escuchaba desde mi infancia.
La radio fue mi primer registro sentimental a través del lenguaje, yo pasaba mucho tiempo con mis abuelos –que eran un poco mis nanas–, mi mamá trabajaba muchísimo y de alguna forma mi niñera era la radio. Me sentaba con mi abuelita a escuchar los programas, yo quería cantar siempre, puras canciones de amor. En esa época lo importante para mí no era la literatura, si no la canción.

II. Entorno, pasado, movimiento.

Definitivamente que mi entrada al arte literario fuera el lenguaje oral tiene mucho que ver de lo que escribo ahora. Lo que hago es una literatura coloquial, sencilla, nada barroca. No es algo que no pueda leerse en voz alta. El habla tiene todo que ver para que la poesía sea mi género, porque en la poesía hay un reconocimiento mucho más explícito de la música del lenguaje, de esa parte de la lengua que no es sólo sentido, no es sólo significación, es también sonido y, como tal, es también capaz de tener sentido, no solo como significado o referente. Eso no lo cuida tanto la narrativa u otros géneros literarios como el ensayo, y sin embargo, la poesía sí.

Cuando era más chica me costó mucho trabajo decidir qué estudiar. Siempre me han llamado la atención muchas cosas que aparentemente no tienen relación. Yo quería ser médico, por ejemplo, porque quería ir a trabajar a pueblos y a comunidades lejanas de la ciudad. Quería conocer sitios nuevos, viajar, y ser médico me iba a dar la oportunidad de salir, de no-estar-en-un-solo-sitio y además, de ayudar a la gente. La Medicina pasó por un momento por mi cabeza; pero luego, pensé en Teatro porque me daba la oportunidad de convertirme en otros, de ser otras personas, de cumplir roles diversos, y al mismo tiempo no tendría un sólo sitio de identidad. Entonces me di cuenta (ya estando en Letras) que mi deseo, o ese deseo que unía cosas tan distintas como Medicina o el Teatro, era porque soy una persona que no está quieta, que siempre quiere estar cambiando, estar en movimiento y que eso me lo daba la literatura. Con ella podría viajar pero también me permitía ser otro a través del poeta, del personaje, o al leer al escritor. Me dejaba entender y hacer un vínculo con los demás, que era lo que yo quería con la Medicina: sanar o ayudar a sanar y que yo buscaba en el teatro, entender al otro. Eso me lo daba la literatura y entonces ya no necesitaba nada más.

III. Creatividad y coqueteo

Este viaje que te lleva a otro sitio. Dice Severo Sarduy que la poesía es sonido y sentido, eso, desde que lo leí, se me quedó grabado, fue revelador. Ahí yo entendí cuando mi primer literatura me llegó a través de la música de los años 50, justo ahí hay un vínculo por ejemplo. Además, yo creo que la poesía no ha cambiado tanto desde los años 50, no ha cambiado tanto desde la poesía beat, la poesía concreta brasileña, etc. Y en realidad, no tendría porque modificarse tanto. Sin embargo, lo que sí he notado (emparejando a la poesía con otras disciplinas artísticas), es que la traducción se ha vuelto algo muy interesante; me refiero a traducir de un lenguaje artístico a otro, porque de repente ésta toma o cita referentes duros de la realidad. Y es que la poesía coquetea mucho con lo que nosotros entendemos como ensayo, por decir algo, y entonces alguien escribe un poema citando a un teórico de arte contemporáneo, luego hay un poema que habla de Bioética y después un poema que habla de Nanotecnología.

Siempre busco moverme y tener contacto con otras personas y disciplinas, encontrar el vínculo entre unos y otros, porque al final encontrar ese vínculo es parte de la magia.

Es interesante porque eso es traducir códigos del lenguaje que generalmente están reducidos a un espacio particular, el de los científicos o los historiadores. Y eso, de parte de la poesía me parece muy rescatable, ya que esto hace 150 años era casi impensable que sucediera. Decía Kenneth Goldsmith que el arte literario es el que más se ha atrasado. Pero yo creo que, independientemente de qué tanto valor le demos a la evolución, la novedad y al progreso técnico, el lenguaje es muy celoso y te vas a encontrar miles de reglas que no son aparentemente inmutables, miles de reglas y depende de qué tan talentoso eres para cambiarlas y para utilizarlas a tu favor. Lo que puedas lograr jugando con ellas, eso es el coqueteo, es la provocación. Lo usas para crear más, para mover algo en el otro, eso es lo que debe encontrar el arte, y creo que la poesía también: mover algo en el otro, provocar, crear una reacción. Si no hace eso la literatura, entonces no sé para qué carajos existe.

IV. Futuro, proyectos y personajes.

Acabo de publicar un librito, medio polémico aquí en México porque ganó dos premios y por eso los dos me los quitaron; se llama «Cartas de amor para mi amigo cerdo», salió en una editorial chiquita en España, que es una editorial pequeña donde una sola persona hace de todo, desde la diagramación a hasta la distribución, como una especie de héroe moderno. Por otro lado, aquí sale una edición cartonera de una antología personal, sólo 100 libros porque yo siempre quise que fueran como únicamente para mis amigos, algo, tal vez muy íntimo, eso sale con ediciones El viaje. Pero tengo varias cosas que estoy dejando reposar, una de esas se llama: «Todos los poetas conocen al menos un tipo de antidepresivo». Es un libro con un poco de humor negro, medio ácido porque habla de lo que es ser poeta entre poetas, relación que a mí me parece que a veces toca el orden del absurdo, como cuando uno llega a una lectura de poesía y sólo hay poetas en el público.

También hay otro al que le tengo mucha fe, a lo mejor porque es de reciente reflexión. Es un libro de referentes e identidades apócrifos, en la que dejo de ser el «yo lírico Xel-Ha» para asumir una identidad nueva que me va llamando la atención, partiendo de una identidad real. No sé cómo se va a llamar aún, pero es una especie de efecto de escritura triangular, en la cual tengo que pasar por la identidad de un otro para llegar a escribir ese texto y el yo lírico tenga que responder a la necesidad de esa otra persona, que será medio ficción y medio realidad. Me emociona porque se acaba de publicar uno de los textos, en donde el personaje es una chica ucraniana que nace en el 91, Vica Arian, quién hizo porno amateur en algún momento de su vida para pagar una operación importante. Y es que al hablar de personajes en la poesía, sé que me estoy metiendo un poco en camisa de once varas porque los personajes han sido tradicionalmente exclusivos de la narrativa. En cambio, en la poesía se habla de un «yo lírico», y hablar exclusivamente de un «yo» ya de entrada me da escozor, porque me alimento de las experiencias de los demás y creo que parte de este proyecto es para darles reconocimiento. No van a ir firmados por mí, van a ir firmados por el personaje del cual me nutro para hacer el texto. Entonces, de alguna forma, es mi manera de agradecer sin esos créditos al final de la página. Agradecer en el momento aquello que me deja su experiencia, como un acto de libertad para poder soltar.

V. Producir como acto de generosidad

Vivo en México y pienso mucho sobre lo que significa hacer poesía en este país. He tenido mis depresiones ocasionales, porque a veces me parece que lo que hago en realidad no es para sumar. Sin embargo, he llegado a la conclusión de que, a lo mejor, lo que estoy haciendo es restar: restar odio, restar violencia.

Porque escribir es, en realidad un acto de generosidad.

Hacer arte, crear algo, es un acto generoso, independientemente de qué tan bueno o malo pueda uno ser, o qué tan famoso se pueda o no volver en su trabajo. Yo creo que ofrecer algo que viene del orden de lo íntimo –porque cada cosa que escribo trae algo de mí, me expone–… Al soltar un poema, al darme cuenta que hay un lector del otro lado (a lo mejor nunca voy a saber quien es, nunca lo voy a conocer pero) sé que le hablo de mí, entonces eso es un acto generoso, un acto de dar. Desde no trabajar para el odio, ni la violencia, ni la ignorancia, creo que ahí está la aportación. No hacer para lo negativo. Porque creo que el amor es sanador, crear es sanador, amar es entender al otro, amar es querer que el otro esté bien, que exista. Y en este mundo donde el amor les vale madre, el odio es tan sencillo, que un acto de amor nunca está de más.

Hacen falta actos de amor, que se manifiesten de cualquier forma carajo. Hacernos existentes unos a otros.

VI. Referencias

De lo que más me gusta: César Vallejo, Constantino Cavafis, Idea Vilariño, los hermanos de Campos, los trabajos más experimentales de Raúl Zurita y bueno, muchos muchos más.


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