Outdoor Voices

Siempre que sea posible salir, de dónde sea o de lo que sea, tendríamos que hacerlo. Incluso la meditación, el acto de mayor quietud al que podríamos aspirar, es en cierto punto un escape, una salida de nosotros mismos.

Las ciudades actuales están perfectamente diseñadas para hacernos renunciar a nuestro principal rol en la vida, el de un ente en tránsito, un peatón temporal que al final de la marcha no podrá llevarse más que la mochila — nuestro cuerpo — lleno de recuerdos en forma de cicatrices físicas y emocionales.

Y a veces — si todo va bien — y decidimos salir «podemos aprender que lo que de veras da calidad a la vida no se encuentra en cosas fijas e inmóviles, como los resultados, las cifras o las clasificaciones, sino que se halla, inestable, en nuestros propios actos.» — Haruki Murakami

Más allá del fit y las barras de granola está el hecho de tomar acción, redefinir y darle uso al cuerpo como instrumento, reconocer en ese aliado casi infinito sus cualidades de bufón, faro y compañero.

Salgamos entonces, a dónde sea que se decida.