Solange Knowles A Seat at the Table

La noche es una consecuencia meteorológica fantástica, propicia desde el amor que solo se hace visible durante aquellas horas oscuras, hasta el éxtasis sonámbulo de alguna fiesta que nos hace víctimas de destellos efímeros de conciencia bajo los efectos de una droga. Son escenarios fecundos que albergan sueños pacíficos, vandalismo, ruido, sirenas furiosas manchando paredes grafiteadas de luz azul y roja.

Por Alicia Reyes.


Publicado hace 4 meses 1 semana


¿Por qué leer esto?

Porque las manifestaciones tienen sonido.


La vida, sin embargo, no es igual para todos y la noche cae especialmente pesada para algunos cuantos. Éste fue un año difícil. De entre todos los conflictos globales que atravesamos, uno especialmente sensible para la minoría afroamericana en Estados Unidos fue la violencia injustificada y el abuso de poder por parte de la fuerza policiaca que lamentablemente concluyó muchas veces en el fallecimiento de personas inocentes. Tan solo en 2016 se registraron 194 muertes de personas de color a manos de un policía, según las estadísticas, una de tres ni siquiera estaba armada. Aunque es fácil descartar este tipo de confrontaciones como un conflicto social serio puesto que no son lo suficientemente recurrentes, se debe indagar y escarbar más allá de la superficie para traer a flote las raíces sucias que nada, en el fondo de esta situación. La criminalización de los afroamericanos no es algo reciente, existe desde que la misma cultura surge en territorio norteamericano, y constituye una carga pesada e inevitable que se agranda proporcionalmente con el nivel de melanina en la piel.

Solange Knowles sabe esto en carne propia y es por ello que dedica su último álbum «A Seat at the Table» a su gente y a ella misma, no solo como afroamericana, sino y principalmente, como mujer.

La hermana de Beyoncé, en apariencia rezagada y escondida bajo su sombra, muestra una ferocidad tan sutil y dulce que es difícil decidirse que sentimiento predomina cuando se escucha su música. El álbum abre con una introducción delicada que no da para adivinar la intensidad de las canciones que le siguen, y sin embargo, con una coherencia precisa, el álbum corre de lento a rápido en una especie de crescendo que va subiendo, al menos líricamente, de tono, hasta explotar en la pieza clave: F.U.B.U (For Us By Us), la canción que recuerda al escucha que no existe ni la más mínima intención de disculparse por un discurso pro-black normalmente deslegitimado, arriesgándose así, según varios críticos musicales, a perder su audiencia blanca. Sus letras reflejan un sentido social amenazado que constantemente termina perdiendo significado para muchos, el proteger a una minoría no pretende segregar sino tornar a la sociedad más consciente, más incluyente.

Musicalmente propone una estilo sin precedentes dentro de la discografía de Knowles. Éste se conforma de un R&B permeado de indie rock, contando con la colaboración de músicos como Dave Sitek de Tv on the Radio y David Longstreth de Dirty Projectors, así como de Sampha, Q-Tip, etc. La combinación da paso a un sonido sumamente rico y denso, constituido por capas de de ruido que van desde el ritmo y la armonía base, a los samples, pasando por sintetizadores líquidos, bajos feroces y arreglos sofisticados con tintes orientales. «A Seat at the Table» goza de un contenido delicioso desde cualquier ángulo, y la voz de un timbre inigualable de Solange funge como la cereza del pastel, el postre auditivo al que se nos da derecho después de asimilar un contenido lírico que goza de un exceso de realidad. Es especialmente en la canción «Cranes in the Sky» que la cantante nos ofrece una voz que recuerda a la potencia tonal de la misma Minnie Riperton, alcanzando unas notas tan vibrantes e intensas que son capaces de reverberar en cada fibra del ser.

El álbum en general es de una naturaleza oscura y taciturna: armonías fúnebres producto de órganos y bajos demasiado graves oscilan constantemente por todo el disco, los coros de fondo que acompañan a la voz principal están empapados de una tristeza pesada, y si es que el álbum alcanza un momento cumbre que rompa con la monotonía nocturna que lo caracteriza sería con «Junie» que introduce por primera vez sintetizadores funky y voces disco animadas, fungiendo como una pausa que refresca los oídos ya saboteados del soul furioso de Solange.

La canción «Don’t Touch My Hair» da un poder simbólico a un elemento estético, en apariencia superfluo, como lo es el estilo de cabello de una mujer, rasgo de la belleza afroamericana que carga y retiene años de sumisión, segregación y racismo. Una bestia que siempre ha sido obligada a domarse frente a la sociedad que solo admite dentro de sus parámetros de belleza convencional unos cuantos estilos. Solange entonces canta imponentemente: "no toques mi cabello” y tras esa frase, que logra acariciar una cicatriz sensible en cualquier mujer negra, se desteje una red de resentimientos y cargas emocionales.

Otro aspecto interesante del LP es la forma en la que todos los tracks están entrelazados, cómo se anteponen e interponen, incluso se interrumpen si así se considera necesario, complementandose uno a otro a su vez. Existe un preludio para las canciones más significativas que está narrado por alguien, ya sea por cantantes o incluso los mismos padres de Solange, quienes relatan experiencias personales tocadas por la injusticia a causa de su piel. Este preludio sirve como un trampolín para las canciones posteriores que se tornan todavía más poderosas y majestuosas, siendo capaces de irrumpir el discurso hegemónico actual. Solange es genuina y transparente, su voz aunque dulce, e incluso frágil a veces, está cargada de una furia intimidante, y es lo suficientemente elocuente para lograr poner en duda uno de los aspectos raciales más sensibles. El hartazgo de su rol como artista consagrada al mero entretenimiento es palpable y lo reitera repetidamente a lo largo de todo el disco.

“Porque celebres la cultura negra no significa que no te gusta la cultura blanca” reclama calmadamente Tina Knowles, madre de ambas Solange y Beyoncé, en el track «Interlude: Tina Taught Me», cuestionando un aspecto de la controversia que revolotea en torno a movimientos sociales como Black Lives Matter que abogan por el cese a la violencia de las minorías afroamericanas. La admiración y el amor a tu propia cultura, según Tina, no debería ser visto convenientemente como un racismo invertido por parte de otras culturas. El amor es amor, y eso es lo que es.

Solange


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