Tiempos Modernos

Siempre he tenido problemas de sueño, de horario de sueño más bien, porque una vez logro dormir no hay ruido que me despierte. Desde que iba a la escuela hasta ahora en la oficina, las mañanas son un suplicio porque siempre, siempre, podría dormir un poco más. I’m not a morning person y hasta tengo una pijama que lo grita.

Por Diana Cuevas.


Publicado hace 8 meses 1 día



He leído varios artículos que me dicen que no podré ser Steve Jobs, Leonardo Da Vinci o Margaret Thatcher —en realidad elegiría ser Da Vinci— porque todos ellos madrugaban para tener varias metas cumplidas a la hora en que yo estoy apenas despabilándome y deseando que la cama me atrape entre sus cobijas un par de horas más.

Esta madrugocracia en que vivimos, nos deja a la minoría noctámbula a expensas de grandes dosis de café, té verde y hasta Modiodal que nos permitan ser un integrante más o menos funcional en la sociedad. Cuando me hablaron de «Midnight» lo primero que vino a mi mente fue fiesta, luces de colores y sustancias que alteran la consciencia; luego caí en cuenta de si bien, mi vida nocturna incluye ese tipo de midnights, no suelen ser el común en mis noches a diferencia de las veladas entre internet, Netflix y mirar el techo.

De visita con la familia me (re)encontré con otro tipo de habitantes de la noche que tampoco incluyen DJs y whisky, y de los que pocas veces llegamos a escuchar, porque incluso ellos lo mencionan poco: los empleados de maquilas en turnos nocturnos. Diversos medios les han dedicado un espacio refiriéndose casi siempre a maquilas en ciudades fronterizas al norte del país. Sin embargo, en la Zona Metropolitana de Guadalajara existe un mundo aledaño en el que la vida nocturna es un ir y venir de piezas, ensambles, tuercas, chips y madres de familia que eligen gustosas ese horario porque es el único que les permite llegar a sus casas a las 8:00 am, hacer de desayunar a sus hijos, bañarlos, llevarlos a la escuela y luego dormir unas 3 horas, despertar para preparar la comida, ir por sus hijos y pasar tiempo con ellos hasta que se llega la hora de dormir, después del beso de buenas noches caminar hacia la avenida más próxima a esperar el autobús de la empresa que las llevará a comenzar el siguiente turno.

La Universidad Autónoma de Baja California realizó en 2013 un proyecto de investigación que consistía en una reflexión crítica a este tipo de empleo hecha por los empleados mismos a partir de ejercicios autobiográficos. «Adentro no hay nada porque nomás tienes que estar recta en la máquina. Tú nomás levantas la cabeza a ver quién miras y regresas abajo mirando a la tierra». Los entrevistados comentaron sentir desesperanza, ya que, expresaron, sólo les queda aguantar en silencio: «No gastan en nada para nosotros, nada. Siempre ven a los intereses de ellos nomás, pero por uno del trabajador nunca ven nada. No ve nadie nada». Por último, emergió la categoría ‘sueño’, dijeron rendirse ante las dificultades del trabajo y contar sólo con la capacidad de imaginar durante la jornada laboral: soñar con la hora de salida, soñar en ser alguien, soñar con sueldos altos, soñar que se puede hablar: «Sí, sueño; es un sueño que no se va realizar, pero yo creo que con eso sí estaríamos muy bien». En el análisis se observó que predominó el pronombre nosotros en los fragmentos de la entrevista relacionados con la categoría dificultades, el pronombre yo para la categoría desesperanza, y todos para la categoría sueño.

Tener una casa propia, ir a la playa, estudiar un oficio y estar con la familia son sueños que aparecen en jornadas laborales nocturnas —según un collage que hicieron durante la investigación— y que poco tienen que ver con el cerebro en descanso, son más un viaje a casa, un intento de empatar sus deseos a los sueños de quienes les esperan en casa.

En otro ejercicio, los trabajadores debían escribir una carta a alguna autoridad que consideraran podía ayudarlos. Tres de ellos dirigieron sus cartas a los diputados (políticos) de México, dos a los educadores o maestros del país y una participante a los coordinadores de las industrias maquiladoras para solicitarles ayuda con respecto al abuso de autoridad, el acoso sexual y la discriminación en el trabajo. Luego de que los participantes vieron los primeros 18 minutos de Tiempos Modernos (Chaplin, 1936), cuatro de ellos relacionaron la película con la importancia de hablar o comunicarse con otros en el trabajo. Los dos participantes restantes la relacionaron con la esclavitud.

Se mencionó de manera recurrente la escuela o los estudios durante la infancia y la juventud como etapas o puntos cruciales en el desarrollo de sus vidas posteriores, así como sus lazos afectivos con la familia. Cuatro participantes escribieron que antes de su trabajo en las maquiladoras habían vivido crisis de drogadicción, alcoholismo y depresión.

Los trabajadores se definieron a ellos mismos a través de objetos con los que se identifican en su vida y realidad. En los textos que escribieron, todos expresaron que el vestido y la casa los identifican como personas. Dos escribieron que el reloj (como figura de autoridad en la maquiladora) los define como obreros. Escribieron pausadamente y con intervalos de reflexión en silencio antes de plasmar sus palabras sobre el papel. Al exponerles una imagen para que describieran, de acuerdo a su propia realidad, lo que observaban en ella, los seis participantes interpretaron la figura del gato como equivalente al supervisor, jefe u otro. En los diálogos escritos, los seis trabajadores tomaron el rol del ratón, es decir, se identificaron con éste y no con la figura del gato.

*— «ellos nada más quieren, perdóname la palabra, como burros... trabajo, trabajo, producción, producción, producción».

— «¡como un robot, ahí!».*

— «en serio, es lo único que ellos quieren».

— «es que no les importa la vida de nosotros».

— «lo malo es que de noche el reloj avanza más lento».

La fiesta, las luces de colores y el dancing son el San Junipero de la media noche, un lugar al que acudimos de vez en cuando para salir de la realidad e incluso de nosotros mismos, es el momento de brillar. Transformarnos, trastocarnos, revelarnos (así, con “v”) y encontrarnos con quienes somos realmente, pero la noche es más larga si le sumamos días y toca esperar al fin de semana para volver a ella. Sea insomnio o trabajo nocturno, me queda la duda de dónde queda el San Junipero para los que (sobre)viven los días desapareciendo de noche.


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