Take a selfie. Fake a life.

La tecnología llegó para alterar la poca percepción que tenemos de realidad porque, ciertamente, la realidad es dura, y lidiar con ella aburre a la mayoría de los humanos.

Por Karla muñoz.


Publicado hace 7 meses 2 semanas



En nuestra vida cotidiana podemos encontrar la presencia de miles de símbolos e imágenes que, inadvertidamente, influyen en el modo en que pensamos o nos comportamos. Actualmente, sabemos que los sentidos no actúan de forma aislada sino en conjunto, ya sea en las fases tempranas o tardías del procesamiento de la información, generando así la experiencia que tenemos de nuestro entorno.

Nuestro cerebro está configurado para detectar una pequeña fracción de la realidad que nos rodea. Con la llegada de las nuevas tecnologías, la realidad que percibimos ya está en un segundo plano; buscamos nuevas realidades en un mismo entorno porque «las drogas duras ya no bastan».

Hace un tiempo escuchaba a un tipo en la fila del super hablar sobre cómo gracias a la realidad virtual su experiencia con el sexo había mejorado, y que Tinder ya era para los románticos: «Esto es otro nivel y ya no tienes que invertir en citas» decía.

La tecnología llegó para alterar la poca percepción que tenemos de realidad porque, ciertamente, la realidad es dura, y lidiar con ella aburre a la mayoría de los humanos.

Aún recuerdo cuando saqué mi cuenta de facebook; era más una combinación de juegos y regalos virtuales que le mandabas a tus contactos y ahora es una cronología de vida y parte de tu curriculum vitae (sí, tu jefe sabe si el alcohol es tu segundo mejor amigo). La verdad es que ya nada es personal, la intimidad es cosa del pasado y todo tu pasado está en la red.

Conozco a muchas personas que tienen relaciones románticas testeadas o aprobadas por likes y comentarios, y he visto cómo se terminan por la falta de estos; hay personas que viajan, van de fiesta, visitan lugares nuevos donde comer, sólo para tomarse una foto y subirla a Instagram, Porque los seguidores hoy son el pan de cada día y uno no se puede quedar con hambre.

Hoy una selfie dice más que mil palabras, por eso nos tomamos una para fingir que tenemos una vida que se adapte a la realidad de los demás; porque la nuestra ya no es suficientemente interesante.


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