Sonoridades

Se habla de los sonidos que nos habitan sin la pretensión de acumular adeptos, sino con el vago intento del desciframiento, se habla de los sonidos que habitamos como parte insoslayable de una realidad que no termina de ser.

Por Posh Editorial.

Colaboración de

Jorge Cotero Torrico


Publicado hace 1 mes 1 día



¿Cómo puede haber maldad en tanta belleza?
Leonardo da Jandra

El ejercicio de aventurarse hacia el entendimiento de uno mismo a través de los sonidos que se producen, podría ser la tarea de un obstinado, pero negar esta condición obsesiva, transformaría al obstinado en un cándido: que tire la primera piedra quien no haya maquilado ficción (interna o externa, es decir, para uno mismo o para compartir) en función o a partir de un soundtrack.

Lo frágil, lo volátil o lo violento, son algunos estatutos que determinan aquello que permanece en movimiento y que opta por traducirse en ruidos: Al escuchar los ruidos, podremos comprender mejor a dónde nos arrastra la locura de los hombres y de las cuentas, y qué esperanzas son todavía posibles.
La sonoridad que habitamos se delimita por procesos obsesivos como hacer ficción (en sus dos dimensiones), es decir, el ensamble de una narrativa sobre la que nos sabemos cómo lo que somos; y el ejercicio de interpretarnos a través de lo que suena, que esto luce mucho más parecido a intentar vivir con referentes obsesivos que a veces no nos pertenecen, como la nostalgia o la maldita maldad. Muchas de las veces, aquello que suena no dice lo que cada uno de nosotros es, sin embargo, pudiera ser un argumento interno (cuya validez habría que corroborar) para justificar una condición que suponemos que no es nuestra.
Anteponerse a cualquier señalamiento hecho con antelación (prejuicio) y entregarse a la estridencia y al retumbe de aquello que no conocemos, es apenas el preámbulo de esa faena que caracteriza a los obstinados: …el viento me suena a que somos nosotros, a que hemos llegado a la superficie de algo que no conocemos, porque no nos ha parecido real. Pero esa voz ahí está…latente, a punto de decirnos algo.

Se habla de los sonidos que nos habitan sin la pretensión de acumular adeptos, sino con el vago intento del desciframiento, se habla de los sonidos que habitamos como parte insoslayable de una realidad que no termina de ser. Definamos el artificio de escuchar(nos) a través de los sonidos que nos negamos a conocer y a través del ruido que suponemos como ajeno a nosotros; absolvamos la pretensión que nos enajena de todo aquello que suena allá afuera y que, por decisión necia y unánime, hemos negado.


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