Sonoridades: El verbo

La desfachatez y la melancolía son fragmentos de nuestro discurso.

Por Posh Editorial.

Colaboración de

Jorge Cotero Torrico


Publicado hace 2 meses 3 semanas



La desfachatez y la melancolía son fragmentos de nuestro discurso, ese discurso que impera en el movimiento que nos caracteriza como una generación deleznable, al menos en el imaginario de los que creen que no son parte de. Para nuestra fortuna, el desapego es somatizable y las narrativas que emergen de esa liberación, son infinitas. Casi como la paleta multicolor de los filtros que utilizamos para relatar nuestros momentos en fragmentos pequeños de vida que pasa.

Nuestro espacio está conjugado en tiempo presente y todo aquello que escuchamos e interpretamos como nuestros sonidos o nuestra música, son apenas el epígrafe de una letanía que ha permanecido vigente. Nada nos parece tan sencillo como el ejercicio de visualizarnos en una caminata sobre un muelle en punto de fuga aislado a la orilla de una laguna de siete colores, o como el ejercicio de constitución del ‘nosotros mismos’ a través la experiencia compuesta por imágenes varias y por uno que otro espasmo afectivo.

Lo volátil es fragancia que libera, la emoción es materia prima de producción. Lo retórico descoloca, pero también ensimisma. El punto de quiebre es la negación: maldición que se adopta como culto a la sinrazón. El verbo es la virtud, siempre en infinitivo: hacer, crear, soltar; siempre y cuando el estatuto, hecho patrimonio, sea respetado: siempre sin juzgar. La nostalgia como fragmento discursivo y maniobra constitutiva, expresa en sí misma el verbo que nos ha mantenido con la añoranza a flor de piel, con la voz inquieta y con los impulsos latentes: regresar.

El verbo describe lo que la imagen dibuja. Uno de los significados del malestar que nos aqueja es un verbo: regresar. La nostalgia nos regresa y nos deja en un tiempo que apremia pero que no es nuestro. Sino que son las marcas de la lenta marcha que camina pero que nunca cambia, los vestigios dactilares de aquello que nos persigue, que nos descoloca. Simulacro habitual entre aquello que re-significa todo lo que somos y aquello que solo es lo que es. Sin pretender un manifiesto y sin el desasosiego de la sinrazón, las palabras aquí escritas son apenas una súplica, una plegaria del desencantamiento, en donde viajar ligero es lo primordial.


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